La tormenta perfecta

La tormenta perfecta

Autor: Damian
Publicado el octubre 21, 2019

Nos encontramos en un momento histórico en el que, luego de una larga hegemonía de EE.UU. de la escena mundial, China toca la puerta para plantearse como candidato a sucederlo. 

Ante esta amenaza, EE.UU. se ha decidido a dar batalla y a utilizar todo su arsenal no armamentístico para lograr mantener y asegurar su hasta ahora indiscutida posición de liderazgo mundial.

Entre otras medidas, primero mediante la imposición de tarifas a productos provenientes del país asiático, luego a través de la prohibición a empresas americanas de proveer sus insumos a empresas chinas, y más recientemente con la idea de restringir el financiamiento de fuente americana hacia empresas chinas.

Mientras tanto, todas estas medidas tienen contramedidas y efectos inmediatos y mediatos en el plano de la economía mundial. El mundo mira con ansiedad y nerviosismo las idas y venidas de este conflicto geopolítico, ya que sus consecuencias amenazan con frenar un largo período de crecimiento de la economía mundial.

Si bien la economía China continúa su fuerte expansión, el 2018 fue el año que menos creció en casi 30 años. Y siendo responsable por 30% del crecimiento mundial, las consecuencias del conflicto con EE.UU. podrían ser decisivas para el futuro del crecimiento de la economía del planeta.

La Eurozona, que no se pudo recuperar del todo de la crisis del 2008, sigue combatiendo su alicaída economía con tasas que, luego de llegar a cero, ya se encuentran en terreno negativo. Y Japón, que venía recuperando terreno luego de casi tres décadas de estanflación, nuevamente se encuentra a riesgo de volver a caer en recesión como producto de una caída en la actividad de su principal socio comercial, que es China. 

Por el momento, la economía de EE.UU. parece no acusar recibo de los efectos negativos del conflicto. Sin embargo, es difícil pensar que se mantendrá inmune si el resto de las economías muestra deterioro.

Ante este panorama, los principales bancos centrales han relajado sus políticas monetarias, y esto sin duda ha ayudado a estabilizar los mercados financieros mundiales. Para intentar mantener la actual expansión económica, la Reserva Federal (EE.UU.), ECB (Eurozona), BOJ (Japón), PBOC (China) y otros bancos centrales del mundo, se encuentran en una carrera por bajar tasas de interés y emitir moneda para recomprar activos (Quantitative Easing).

Sin embargo, estas recetas son de una efectividad decreciente conforme las tasas se acercan a cero. Pero también es cierto que no quedan otras alternativas disponibles. Es una carrera devaluatoria relativa de las monedas fiduciarias entre sí. Pero la devaluación de las monedas fiduciarias se nota mucho más contra otros activos escasos que funcionan como resguardo de valor en estas situaciones. Es decir, la situación macroeconómica mundial está gestando la tormenta perfecta para el surgimiento de activos escasos, tal es el caso del oro, obras de arte y el mismo Bitcoin.  

La escasez de Bitcoin, entre otras de sus propiedades, y su potencial para servir como reserva de valor, le ha valido el apodo de «Oro 2.0», una narrativa consolidada ya entre muchos inversores institucionales. La visión de Bitcoin como Oro 2.0 es cada vez más relevante en medio de políticas monetarias extremas y crecientes tensiones geopolíticas. Y el tamaño relativo del valor de mercado de Bitcoin en comparación con el mercado de oro, hace que sea una oportunidad muy tentadora para los inversores en búsqueda de activos con alto potencial de crecimiento. 

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